El Expreso del Sur visitó el Teatro del Lago ubicado en Frutillar, Chile.

 

 

 

 

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Su construcción se gestó mediante la idea del empresario Guillermo Schiess de construir un nuevo recinto cultural para albergar actividades culturales, que quedaron sin sede tras el incendio del Hotel Frutillar en 1996. Schiess le presentó la idea a la Corporación Cultural Semanas Musicales de Frutillar, quienes acogieron la idea del empresario.

Tras la muerte de Guillermo Schiess en 1998, el proyecto fue liderado por Nicola Schiess, hija del empresario y su marido Uli Bader. El diseño arquitectónico inicialmente fue obra de los arquitectos Gerardo Köster y Gustavo Greene, quienes por orden de Schiess diseñaron un teatro para albergar conciertos de la orquesta sinfónica.  La construcción se inició el 27 de enero de 1998,mediante financiamiento privado. La obra sufrió retrasos en su construcción, principalmente por efecto de la catástrofe financiera asiática. Durante el transcurso de su construcción, se modificó el diseño original de la obra, con la finalidad de albergar también conciertos de ópera. En julio de 2008 se incorporó la firma de arquitectos Amercanda, cuyo objetivo era implementar materiales que permitiesen un aislamiento térmico en conjunto con el aislamiento acústico (asesorado por los ingenieros acústicos de Müller-BBM).5 El proyecto de iluminación arquitectónica estuvo a cargo de la empresa Limarí Lightning Design, mientras que el diseño de la iluminación del escenario fue obra del estadounidense Clifton Taylor.

Finalmente, el teatro fue inaugurado un 6 de setiembre del año 2010, luego de 12 años de trabajo, y una inversión de aproximadamente  20 000 000 millones de dólares convirtiéndose al momento de su inauguración en el espacio para conciertos más grande que se haya construido en Chile desde los 50´.

El diseño arquitectónico de la fachada del teatro emula a los galpones con revestimientos de tejuelas, propios de la arquitectura de la zona, levantados entonces por los inmigrantes alemanes de la región. Para ello se utilizaron listones de madera de distintos colores, evocando de manera moderna el deterioro de dichos galpones.

En su interior, el recinto cuenta con una sala principal, denominada Espacio Tronador con capacidad para 1178 espectadores (distribuidos en una platea y dos galerías) y con un foso para 100 músicos. La estructura de la sala principal se encuentra revestida por cerca de 800 paneles de madera enchapada. Además, el teatro posee un anfiteatro con un aforo de 270 personas y cuatro salas multipropósito.

 

Su construcción se gestó mediante la idea del empresario Guillermo Schiess de construir un nuevo recinto cultural para albergar actividades culturales, que quedaron sin sede tras el incendio del Hotel Frutillar en 1996. Schiess le presentó la idea a la Corporación Cultural Semanas Musicales de Frutillar, quienes acogieron la idea del empresario.

Tras la muerte de Guillermo Schiess en 1998, el proyecto fue liderado por Nicola Schiess, hija del empresario y su marido Uli Bader. El diseño arquitectónico inicialmente fue obra de los arquitectos Gerardo Köster y Gustavo Greene, quienes por orden de Schiess diseñaron un teatro para albergar conciertos de la orquesta sinfónica.  La construcción se inició el 27 de enero de 1998,mediante financiamiento privado. La obra sufrió retrasos en su construcción, principalmente por efecto de la catástrofe financiera asiática. Durante el transcurso de su construcción, se modificó el diseño original de la obra, con la finalidad de albergar también conciertos de ópera. En julio de 2008 se incorporó la firma de arquitectos Amercanda, cuyo objetivo era implementar materiales que permitiesen un aislamiento térmico en conjunto con el aislamiento acústico (asesorado por los ingenieros acústicos de Müller-BBM). El proyecto de iluminación arquitectónica estuvo a cargo de la empresa Limarí Lightning Design, mientras que el diseño de la iluminación del escenario fue obra del estadounidense Clifton Taylor.

Finalmente, el teatro fue inaugurado un 6 de setiembre del año 2010, luego de 12 años de trabajo, y una inversión de aproximadamente  20 000 000 millones de dólares convirtiéndose al momento de su inauguración en el espacio para conciertos más grande que se haya construido en Chile desde los 50´.

El diseño arquitectónico de la fachada del teatro emula a los galpones con revestimientos de tejuelas, propios de la arquitectura de la zona, levantados entonces por los inmigrantes alemanes de la región. Para ello se utilizaron listones de madera de distintos colores, evocando de manera moderna el deterioro de dichos galpones.

En su interior, el recinto cuenta con una sala principal, denominada Espacio Tronador con capacidad para 1178 espectadores (distribuidos en una platea y dos galerías) y con un foso para 100 músicos. La estructura de la sala principal se encuentra revestida por cerca de 800 paneles de madera enchapada. Además, el teatro posee un anfiteatro con un aforo de 270 personas y cuatro salas multipropósito.

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